
Lillehammer, pequeña ciudad del interior de Noruega situada a 61 grados de latitud norte, es mundialmente conocida por su estrecha relación con el deporte. Sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994, ciudad universitaria y escenario de grandes acontecimientos internacionales, la localidad noruega se convertía este verano en una de las paradas del European Match Race Tour.

Hasta allí viajó el Cigarrán Sailing Team, representante español en el circuito, con un objetivo claro: seguir sumando resultados en la lucha por una plaza para la gran final que se disputará en Nápoles el próximo mes de noviembre. El equipo español estuvo formado, de proa a popa, por Óscar Comesaña, Pablo Franco, Santiago Estévez, Manuel Martínez y José Cigarrán, regatistas vinculados al Monterreal Club Internacional de Yates de Baiona y al Moaña Mar. El proyecto cuenta con el patrocinio de Cigarrán Abogados, Mundo Náutica y Botamavi —Boteros y Amarradores de los Puertos de Vigo—, además de la colaboración de
Tierra y Mar Aventura y Código Zero Náutica.
Pero lo que debía ser una nueva oportunidad deportiva para consolidar el crecimiento del equipo acabó convirtiéndose en un episodio difícil de digerir. El Cigarrán Sailing Team regresó de Noruega con la sensación de haber competido, luchado y demostrado su nivel, pero también con la convicción de haber
sufrido las consecuencias de una organización caótica en algunos de los momentos más decisivos del evento.
Lillehammer recibió a los equipos con un tiempo cambiante, casi otoñal. El primer día alternó lluvia, claros y algunos momentos de sol. La segunda jornada fue mucho más dura: una lluvia intensa y constante acompañó prácticamente todas las pruebas, poniendo a prueba incluso la resistencia de los trajes de agua. El último día, en cambio, llegó el sol y unas temperaturas impropias del escenario vivido
apenas unas horas antes. Pero antes incluso de competir apareció el primer problema. La competición tuvo que retrasarse porque uno de los árbitros previstos no se presentó al evento. Durante horas existió una evidente incertidumbre
sobre la continuidad de las pruebas, llegando a comunicarse a los participantes que, si no se conseguía completar el equipo arbitral necesario, el evento podría quedar suspendido. Finalmente, un nuevo árbitro apareció y la competición pudo comenzar alrededor de las cuatro de la tarde.
El estreno del Cigarrán Sailing Team fue ante el británico Julian Fung, entonces situado en torno al puesto 54 del ranking mundial. Los españoles comenzaron con nervios y un toque con una baliza terminó condicionando el enfrentamiento. El error supuso un retraso que el equipo no pudo recuperar. El segundo duelo fue ante el noruego Erlend Munkeby, regatista local invitado por la organización. El
primer enfrentamiento tuvo que ser anulado debido a los continuos roles de viento y repetirse posteriormente cuando el equipo Celeste iba ganado. En la nueva salida, un fallo de maniobra del conjunto español terminó inclinando la balanza a favor del rival. Dos derrotas para cerrar una primera jornada complicada, pero sin que el equipo bajara los brazos.
La segunda jornada mostró otra versión del Cigarrán Sailing Team. Bajo una lluvia torrencial que terminó por superar incluso la capacidad de los equipos de agua, los españoles comenzaron a encontrar mejores sensaciones. La primera victoria llegó frente al otro invitado local, Kjell Andreas. Después vendría uno de los enfrentamientos más intensos del evento, ante el polaco Patryk Zbroja, número 40 del mundo y uno de los grandes protagonistas de la competición.
El Cigarrán Sailing Team terminó perdiendo, pero dejó una de sus mejores actuaciones. Fue un duelo de Match Race puro, peleado hasta el último momento, con los barcos navegando a apenas una eslora de distancia y con el equipo polaco defendiendo su posición con enorme intensidad. Una derrota, sí, pero
también una demostración del crecimiento competitivo del equipo español.
Posteriormente llegó la victoria frente a la representante turca Defne Isabel Ramírez Zambrano, que competía con dificultades para completar su tripulación.
Y entonces llegó uno de los grandes momentos del equipo: el enfrentamiento contra la china Lijia Xu, una de las regatistas más prestigiosas del evento, doble medallista olímpica y poseedora de un impresionante palmarés internacional en la clase ILCA. El Cigarrán Sailing Team volvió a mostrar su mejor versión y consiguió imponerse a la regatista china. Una victoria de enorme valor deportivo que confirmaba que el conjunto gallego estaba plenamente capacitado para competir frente a equipos y deportistas de primer nivel.

Sin embargo, tras la competición comenzó un periodo de incertidumbre. Las clasificaciones no aparecieron hasta el día siguiente y, cuando finalmente se resolvieron los resultados, la organización se encontró con un triple empate entre Erlend Munkeby, Lijia Xu y el Cigarrán Sailing Team por dos plazas en semifinales.
El equipo español tuvo que volver a enfrentarse a Lijia Xu. durante este decisivo desempate se produjo una situación especialmente grave: no habría arbitro visor del pin de salida, lo que determina con precisión la posición de uno de los barcos respecto a la línea. El equipo español reclamó la situación, pero considera que el Race Committee no atendió su protesta. La consecuencia, según el equipo, fue
una ventaja para la embarcación china que los españoles ya no pudieron recuperar.
La derrota dejó al Cigarrán Sailing Team fuera de la lucha por las semifinales y relegado a competir por el denominado “King of the Castle”. La situación que terminó de hundir las opciones
En esa fase volvió a producirse, una situación relacionada con el control de la línea de salida con el pin. Pero la mayor polémica llegó por otra cuestión: miembros de la tripulación del barco polaco habrían abandonado su propia embarcación para participar como tripulantes con el equipo turco. El Cigarrán Sailing Team considera que esta circunstancia debía haber sido revisada por la organización. La regla de tripulación establece que todos los tripulantes inscritos deben navegar todas las pruebas y contempla sustituciones únicamente bajo determinadas circunstancias y con autorización de la Autoridad Organizadora. Por ello, la participación de tripulantes registrados en un equipo distinto plantea, como mínimo, una cuestión que requería una explicación y una decisión formal por parte de la organización. El equipo español protestó la situación, pero asegura que sus reclamaciones no fueron atendidas.
Y ahí está, probablemente, la parte más dolorosa del viaje a Lillehammer.
Porque en Match Race una decisión, una maniobra o un error pueden cambiar completamente una competición. Pero cuando un equipo siente que determinadas situaciones reglamentarias no han sido controladas o que sus protestas no han recibido respuesta, la derrota deportiva adquiere una dimensión diferente.
El balance para el Cigarrán Sailing Team es especialmente duro. El equipo no solo pierde una oportunidad de avanzar en la clasificación de un evento importante.
También pierde puntos para el ranking mundial y posiciones en la carrera hacia la final del European Match Race Tour de Nápoles.
Para una estructura como Cigarrán Sailing Team, que viaja por Europa afrontando importantes costes económicos y personales, cada evento es una inversión. Horas de entrenamiento, desplazamientos, preparación física, trabajo técnico y el esfuerzo de patrocinadores y colaboradores se ponen en juego en cada regata. Por eso, regresar con la sensación de que el resultado pudo estar condicionado por problemas organizativos resulta especialmente doloroso.

La experiencia en tierra fue, según el equipo, completamente diferente. La acogida, el club y el ambiente social recibieron una valoración muy positiva. El problema estuvo en el agua: retrasos por falta de árbitros, incertidumbre sobre la continuidad del evento, clasificaciones tardías, problemas en el control de la línea y protestas que, según sostiene el equipo español, no fueron atendidas adecuadamente.
El resultado es que el Cigarrán Sailing Team termina esta cita muy tocado en sus aspiraciones dentro del circuito. Las posibilidades de alcanzar la gran final de Nápoles quedan ahora prácticamente fuera de su alcance por la vía de la clasificación, aunque el equipo mantiene la esperanza de poder acceder
mediante una wild card o invitación. La temporada, por tanto, cambia de rumbo. Ya no queda una carrera directa hacia Nápoles, sino la participación en eventos puntuales por Europa, tratando de recuperar posiciones y seguir demostrando el nivel que el equipo ha ido construyendo regata a regata.
Lillehammer debía ser una oportunidad. Deportivamente, el Cigarrán Sailing Team demostró que podía competir con rivales situados entre la élite internacional y consiguió victorias de enorme prestigio. Sin embargo, el recuerdo que deja Noruega es otro: el de una oportunidad perdida y la sensación de que, esta vez, el equipo no solo tuvo que luchar contra sus rivales, el viento y sus propios errores, sino
también contra una organización que, según su denuncia, no estuvo a la altura en los momentos en los que más falta hacía. Y eso, para un equipo que ha construido su camino prácticamente a base de esfuerzo, sacrificio y kilómetros, puede hacer tanto daño como una derrota en el agua.

