
Ni el terrible calor, ni el pase a octavos de la selección nacional impidieron que Castrelos estuviera lleno de público, un público fiel, en algunos casos desde hace casi 6 décadas.


A las 22.00 h, puntuales, los componentes de esta histórica banda británica, saltaron al escenario, tras una presentación del alcalde de Vigo, Abel Caballero. Entraron con fuerza, tocando Highway Star y con unos visuals muy psicodélicos y galácticos. Habían pasado 26 años desde su anterior concierto, en el mismo escenario, en agosto del 2000, y ahí estaban ellos, octogenarios pero con su música tan actual como en 1968 cuando se formó la agrupación, y con un directo espectacular.


Pioneros del Heavy Metal y del Hard Rock, con más de 150 millones de discos vendidos a lo largo y ancho del mundo, ahora un poco más tranquilos en sus movimientos pero aclamados con gritos y cuernos al aire como si el tiempo no hubiese pasado.




Deep Purple, liderado por su cantante, Ian Gillan y con Roger Glover, Ian Paice, Don Airey y la última incorporación, Simon McBride, perfecto sustituto de dos sublimes guitarristas, Ritchie Blackmore y Steve Morse, tocaron ROCK & ROLL del bueno y sus fans se lo agradecieron entregándose a ellos, especialmente en el momento cumbre del concierto, el riff de guitarra de Smoke on the water, donde miles de guitarras invisibles acompañaron una canción que ya es un himno, que ha trascendido el paso del tiempo desde su creación en 1972 para el albúm «Machine Head».

Una noche para vibrar, para recordar, con éxitos de ayer como Bit on the side, Arrogant Boy, When a blind man cries, y con adelantos de su último disco Splat!, el cuarto en los últimos seis años. El concierto también tuvo un momento sorpresa, cuando el teclista interpretó el Himno de Galicia, y los asistentes le acompañaron cantando. Más de hora y media de espectáculo y una gran despedida, como penúltimo tema sonó Hush, y por último, Black Night.
