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Un equipo gallego devuelve a España a la élite del Match Race

Un equipo gallego devuelve a España a la élite del Match Race

Más de una década después, España vuelve a situar un equipo entre el 10 % de los mejores del ranking mundial de Match Race. Detrás de ese logro no hay una gran estructura deportiva ni un presupuesto millonario. Hay cuatro regatistas gallegos que un día decidieron aceptar un reto del que apenas sabían nada y que hoy compiten de tú a tú con algunos de los mejores especialistas del mundo.

Todo comenzó casi por casualidad. Hace apenas cuatro años, José Cigarrán, Jorge Cigarrán, Manuel Piñeiro y Óscar Comesaña aceptaron una invitación para participar en una prueba de Match Race, una modalidad de vela espectacular y tremendamente exigente que enfrenta a dos embarcaciones en un duelo directo donde la táctica, las reglas, la estrategia y el trabajo en equipo resultan tan decisivos como la velocidad. No existía un equipo consolidado, ni experiencia específica, ni entrenadores, ni una estructura detrás del proyecto. Solo había ilusión y cuatro personas convencidas de que merecía la pena intentarlo.

Aquellos primeros entrenamientos poco tenían que ver con el nivel que hoy exige el circuito europeo. El equipo comenzó practicando con embarcaciones Bahía, muy diferentes de los barcos utilizados en las competiciones internacionales. Más adelante, gracias al esfuerzo colectivo y a la ayuda de muchas personas, pudieron disponer de una embarcación más adecuada para entrenar maniobras, salidas y situaciones reales de Match Race. Cada sesión servía para reducir un poco la distancia que les separaba de equipos que llevaban toda una vida dedicados exclusivamente a esta disciplina.

Porque esa era la gran diferencia. Mientras países como Francia, Italia o el Reino Unido cuentan desde hace décadas con ligas específicas, escuelas y programas de tecnificación que alimentan competiciones como la Copa América, la Figaro o la Class40, en España el Match Race apenas dispone de estructura. El Cigarrán Sailing Team tuvo que construir su propia escuela. Y esa escuela fue la competición.

Los comienzos fueron tan duros como cualquier deportista puede imaginar. No tenían ranking internacional, eran los últimos de casi 700 equipos, lo que dificultaba acceder a muchas regatas. No había ayudas económicas. Cada desplazamiento, cada inscripción , cada entrenamiento y cada abordaje, salían prácticamente del bolsillo de los propios regatistas. Incluso hubo que vender camisetas para seguir viajando por Europa. Y, además de dinero, también se perdía en el agua y Mucho.

Dentro del equipo terminó naciendo una frase que resume perfectamente aquellos primeros meses: «Un día se aprende y otro se aprende con dolor.» No era una forma de hablar. Por el camino quedó un diente, miles de hematomas, costillas doloridas, manos abiertas por las escotas, un fuerte golpe que dejó inconsciente al patrón, episodios de deshidratación provocados por el calor y el esfuerzo extremo, las temidas «pájaras» y cientos de horas de gimnasio para soportar la enorme exigencia física de una modalidad donde cuatro personas deben actuar como una sola. Competir en escenarios como Nápoles, Rodas o Turquía suena apasionante y atractivo cuando se cuenta; la realidad era regresar a casa completamente destrozados y necesitar varios días para recuperarse antes de volver a entrenar.

Pero el equipo nunca buscó culpables. Después de cada regata llegaba la misma rutina: reunión, análisis, conclusiones, nuevas maniobras y vuelta al agua. Cada error se convertía en una lección y cada rival en un maestro. Gracias a esos tropiezos crecieron. Aprendieron que la experiencia no se compra, se gana navegando.

Los resultados comenzaron a llegar poco a poco. Primero algunos quintos puestos. Después victorias parciales como el King of the Castle. Más tarde un segundo puesto en Rumanía y un cuarto en Madrid, en la primera prueba del European Match Race Tour celebrada en España. Dejaron de ser un equipo que acudía a aprender para convertirse en un equipo capaz de discutir las victorias a los mejores.

Hoy el Cigarrán Sailing Team figura entre el 10 % de los mejores equipos del ranking mundial de Match Race, la mejor clasificación conseguida por un equipo español en los últimos tres lustros. Además, la posición alcanzada en el ranking hace que el equipo forme parte del grupo de tripulaciones cuyos patrones aportan cuatro Skipper Points, una valoración oficial utilizada por World Sailing para determinar el nivel de las competiciones internacionales y facilitar el acceso a pruebas Grade 1 y Special Events, reservadas a al top top mundial. Aunque técnicamente esa puntuación se asigna al patrón, dentro del Cigarrán Sailing Team siempre han tenido claro que pertenece al equipo. En Match Race nadie gana solo. Cada salida, cada virada y cada maniobra son el resultado del trabajo perfectamente sincronizado de cuatro personas.

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Los resultados también abren una reflexión. La trayectoria del Cigarrán Sailing Team, respaldada por su posición en el ranking mundial, reúne méritos objetivos para aspirar al reconocimiento como Deportista Galego de Alto Nivel (DGAN), una distinción destinada a reconocer la excelencia deportiva y la representación de Galicia en la alta competición.

Este éxito tampoco puede entenderse sin quienes han permanecido al lado del proyecto desde el principio. Cigarrán Abogados, Mundo Náutica y Tierra y Mar apostaron por el equipo cuando todavía solo existía una idea y nunca han objetado nada. A ellos se suman decenas de aficionados anónimos que prestaron material, realizaron pequeñas aportaciones económicas o ayudaron de mil maneras diferentes para que cada desplazamiento pudiera hacerse realidad. Detrás de cada regata internacional hay muchas personas que nunca aparecen en la fotografía final, pero sin las cuales este camino habría sido imposible.

El Cigarrán Sailing Team continúa ahora su recorrido por el circuito europeo, con pruebas en España, Grecia, Noruega, Turquía, Bulgaria e Italia. Sin embargo, el mayor logro quizá no sea el puesto que ocupa en el ranking mundial, sino haber demostrado que un equipo nacido prácticamente desde menos cero puede abrirse camino en una disciplina donde España apenas cuenta con estructura ni se le espera. Su historia es la prueba de que el talento, el trabajo y la perseverancia pueden derribar muchas barreras. También plantea una reflexión inevitable: si un grupo de regatistas gallegos ha conseguido alcanzar la élite internacional con tan pocos medios, ¿qué podría lograr el Match Race español si contara con el respaldo que hoy existe en otros países europeos?

La historia del Cigarrán Sailing Team aún no ha terminado. Lo más difícil ya no es llegar. Lo verdaderamente importante será aprovechar el camino abierto para que detrás de este equipo lleguen muchos más. Próxima parada Noruega!!

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